El efecto latino

Por Federico Saretzki

Desde hace décadas, mucho antes de que la industria de la música fuera como es hoy día, algo común y cotidiano, la región iberoamericana ha liderado e influenciado la música contemporánea a partir de varias tradiciones y puntos cardinales. Con su capacidad de mimetizarse con varios colores y sabores, desde la Patagonia hasta el norte de México, pasando por la península Ibérica, la latinización de la música sigue abriendo puertas sonoras como nunca antes.

Se dice que son varias las migraciones las que han complementado a la música anglosajona e internacional con su talento y virtud musical. Una primera, por razones políticas y geográficas, la entrada de Cuba en el jazz norteamericano, llenando los ritmos clásicos de artistas como Dizzie Gillespie, Cal Tjader, entre otros, con ese toque distintivo de la percusión latina. Lentamente, sobre finales de los 50s, la migración latina se toma las capitales sonoras de Estados Unidos para iniciar las primeras colaboraciones en spanglish.

Años después, llega la explosión de la salsa, el latin jazz y la masificación del tumbao en todas las esferas musicales. Esa migración puertorriqueña, buscando ese anhelo del American dream, inicia colaboraciones y experimentos musicales y, así, la influencia latina comienza a consolidarse como un referente internacional. Cubanos y puertorriqueños, junto con artistas de la costa Este y Oeste de los Estados Unidos, inician más de dos décadas de composiciones “anglo latinas”, multiculturales y multisonoras. El jazz se reinventa, la gente baila disco y los sonidos latinos se toman la era del hippismo y la psicodelia.

De otro costado, están la innegable influencia brasilera con las tendencias del jazz norteamericano y las múltiples colaboraciones musicales de grandes autores y cantantes con la bossa nova y sus cadencias playeras, con ritmos de guitarra, mientras pasean por Ipanema. Encontramos también algunos íconos populares, como Sinatra, que interpretan, a su manera, clásicos de Jobim y Gilberto y, así, solicitan un tiquete de entrada a la diáspora musical latina.

Actualmente, luego de más de cincuenta años de colaboraciones musicales y de interpretaciones bilingües, la nueva onda surge desde la República Dominicana, con la creación del RnB latino, que desde décadas pasadas ya se había arraigado en las tradiciones locales. Hijos de inmigrantes nacidos en los Estados Unidos, continúan con el legado de pronunciar las sonoridades de costa a costa. Es la era de la bachata.

El jazz suena a flamenco, el flamenco a son cubano, la música brasilera a electrónica; la cumbia y el hip hop se interconectan con el blues o el tango que se interpreta en Finlandia o Alemania y todos estos ritmos se mimetizan con una resonancia sólida y contundente.

¡El efecto latino está más vivo que nunca!

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